martes, 7 de agosto de 2007

La Gigantona y Pepe Cabezón (o enano cabezón)


Es la expresión de la influencia española que hemos tenido y data del período colonial (siglos XV – XVI). En general, ella representa un ideal de belleza que el conquistador trajo consigo y que en todo movimiento vinculó con superioridad y poder.

León es el lugar que más homenaje le ha rendido tradicionalmente, donde cada barrio ha tenido su gigantona que lo representa, habiendo un evento muy importante el 8 de diciembre de cada año. Todas las gigantonas concursan en La Plaza Central recitando sus mejores coplas y luciendo los trajes mas llamativos para de esa manera asegurarse el primer lugar o uno de los mejores lugares en el concurso.

Tienen una relación directa con la juglaría popular española. Los personajes son los siguientes: La Gigantona, el Pepe Cabezón, Chineado, La Banda Musical, Los Faroles (luminarias), y El Recitador para la gente y su dama. Los sones son los siguientes: -Paso de Camino -Son de la Reverencia -Son de la Gigantona -Son del Enano Cabezón -Son de Despedida.

La Gigantona representa a la sociedad española, y debido a su origen es el personaje más grande y central. El Pepe Cabezón representa el mestizo nuevo, ser de bajo estatus social; además representa la inteligencia del hombre nicaragüense como por ejemplo: Rubén Darío, José de la Cruz Mena, y Alfonso Cortéz, entre otros. Esta tradición tiene mucha relevancia y se inicia el 6 de noviembre hasta el 6 de Enero del siguiente año.

Personalmente me gustan mucho las coplas, y los recitadores son muy ingeniosos a la hora de crearlas. Hay de todos los tipos y para todos los gustos, por una modica suma puedes tener un gran espectaculo en la calle de tu casa. Ademas de León, son populares en todas las fiestas nicaragüenses.

La Leyenda de Arrechavala


El Coronel Joaquín Arrechavala es un personaje mítico basado en la historia de Nicaragua, durante el periodo colonial. Nació en Madrid España en el año 1728, Sus padres fueron: José Antonio de Arrechavala y Abrosía de Vilchez. El Rey de España, Carlos II de Borbón, lo envió a Nicaragua, para que formara parte de la oligarquía nicaragüense, que evoca entre otros los nombres de Sacasa, Chamorro, Zavala y el prelado García Jerez.

Esta Burocracia española de la época colonial acumuló capitales improductivos conformados de tesoros incalculables en oro, plata, y bienes raíces con el fin de mejorar su posición social. El 14 de febrero de 1791, Joaquín Arrechavala fue ascendido a Coronel. En el periodo de 1811 a 1812 Nicaragua fue marcada por violentas insurrecciones contra la dominación española en busca de la independencia. En este período de agitación, el coronel Arrechavala fue uno de los principales promotores de la adhesión de León al Imperio Mexicano de Iturbide, para asegurar y garantizar la estabilidad de sus intereses.

Durante y después de la abdicación del Imperio Mexicano, el Coronel mostró un implacable odio y aversión por los indígenas. Es por eso que él personalmente se paseaba por las noches montado en su caballo lujosamente adornado y latigueaba a todo indígena que encontraba en las calles. Solía vestir su uniforme militar adornado de charreteras y hebillas doradas. Su caballo era negro con su freno de metal precioso, y aterraba a los caminantes nocturnos con todo ese ruido y los indios se espantaban apenas lo percibían a lo lejos o si escuchaban el galopar de su brioso caballo.

Arrechavala era identificado como un espíritu nocturno, porque siempre se le veía por las noches en guardia para asegurar el orden en ese período de sublevaciones contra el gobierno colonial. Joaquín Arrechavala, así como los muchos oligarcas de esta época, enterraba sus riquezas. Sin embargo, para el indígena la acumulación de éstas era inconcebible, ya que debían servir para la celebración de una fiesta en la que participara toda la comunidad.

Una de las leyendas es la aparición del fantasma de Arrechavala, vestido de militar, cabalgando en su caballo sobre la Calle Real, ahora Rubén Darío, que comienza en la Iglesia El Calvario y finaliza en la Iglesia Sutiava. Indiscutiblemente la gente, en esos días, creía que los muertos aparecían. Según unos espiritistas cuentan que hablaron con él y les dijo que dejaría de molestar si conversaba con un familiar para indicarle donde estaba enterrado el tesoro que había acumulado hasta su muerte. Arrechavala, condenado por el pueblo, debe errar eternamente entre los vivos para vigilar sus tesoros enterrados, muere en el año 1823 (a los 95 años de edad).

El Padre sin Cabeza

Cuenta la leyenda que en el año 1549 en la ciudad de hoy León Viejo, alentados por su madre doña María de Peñalosa, los hermanos Hernando y Pedro, hijos del segundo gobernador de Nicaragua don Rodrigo de Contreras, planearon la muerte del primer Obispo en tierra firme fray Antonio de Valdivieso, defensor de los Indios y mediador de las ambiciones de los funcionarios y el clero. Fue asesinado a puñaladas a mano del fiero capitán Juan Bermejo. Con la muerte de este religioso, el primero cometido en América, los asesinos se repartieron la provincia, su población, los objetos de valor y las joyas episcopales del Obispo.

Después de este crimen, que llenó de indignación y de malos presagios a todos los creyentes, aparece una leyenda que refiere, que durante los primeros años de la existencia de la ciudad de León Viejo, el padre de su iglesia fue decapitado de un solo machetazo en el atrio de su mismo templo, por dos poderosos hermanos, y que su cabeza había rodado hasta la orilla del lago Xolotlán, donde se sumergió dando origen a una inmensa ola que se levantó sobre la superficie y avanzó hacia la ciudad, cada vez más grande y fuerte, llegando a reventar donde había sido asesinado el religioso y sepultando a la ciudad.

Pasado este hecho devastador, los indígenas empezaron a ver en los atrios de las iglesias y en las calles solitarias de los pueblos, un bulto negro que se protegía bajo el peso de la lúgubre oscuridad. Con el paso del tiempo algunos moradores se dieron cuenta que la aterradora y sombría aparición era nada menos que un padre sin cabeza.

Los que lo han logrado ver cuentan que el padre sin cabeza lleva sotana y zapatos negros, en la cintura prende un cordón del que cuelga una pequeña campana, la que hace sonar mientras avanza y lleva un rosario en lo que le queda de cuello.

Refiere la leyenda que el padre sin cabeza camina penando por el mundo, visitando los templos de las diferentes ciudades, rezando las letanías o el rosario, buscando su iglesia y su cabeza. Algunos refieren que el padre aparece solo el Jueves y el Viernes Santo, para visitar las iglesias y que cuando se encuentra frente a cualquiera de ellas hace reverencia en la puerta del perdón.